A saco y sin compasión alguna. Así es como actúan estos verdaderos exaltados de la imagen, les da igual lo que estés haciendo, les da igual que estés meando, sacándote un moco, que tengas la boca llena o que te estés rascando un huevo. Ellos, bajo el fanático grito de "!no importa si se pueden borrar!", someten a todo lo que esté a su alrededor al más feroz de los acosos. Y la tortura nunca está completa sin una gran traca final. Para eso se enchufa la cámara a la televisión y ya está. Ya pueden todos reírse de ti, a todo color, y en pantalla grande, que para eso la tecnología moderna es así. Si uno ya estaba ridículo en la miniatura esa de la "tft-incorporada" para que contar a 42 pulgadas.