el médico británico Joseph Mortimer Granville ideó el primer vibrador (entendiendo como “vibrador” un artilugio dedicado específicamente a tal fin… que ya sabemos lo extendidos que han estado sus parientes desde que el mundo es mundo), y lo ideó para combatir lo que en la época victoriana se conocía como "histeria femenina” (valga la redundancia), una dolencia habitual –más que de costumbre- en la época. La histeria femenina se le diagnosticaba a cualquier mujer con síntomas de irritabilidad o pérdida del apetito. La terapia consistía en un masaje pélvico con el aparato en cuestión –el vibrador- hasta llegar a lo que denominaba paroxismo histérico, es decir, al orgasmo. Gracias al tratamiento, la mayoría quedaban curadas. Y, aunque para evitar recaídas se recomendaba visitar al médico en cuanto empezaran a notar nuevamente los síntomas, pocas volvieron. Eso sí, la automedicación causó estragos.